Un plan para una velada de misterio de dos a ocho personas, en casa o por videollamada.
Un expediente sin resolver es la noche de misterio más fácil de organizar: nadie tiene que actuar, disfrazarse ni aprenderse un papel. Todos son investigadores y leen la misma carpeta. Este plan funciona igual para un grupo en la misma mesa que para una videollamada entre varios husos horarios.
Todos leen el informe de incidente y la nota de la unidad de casos sin resolver, y después la ficha de las personas de interés. Ahora todos conocen a la víctima, los seis nombres y la pregunta.
Entre cuatro: una persona con las declaraciones, otra con los registros, otra con forense y fotos, y otra con los informes policiales y los documentos personales. Junto a cada documento, la sala muestra las iniciales de quienes lo han abierto, así que de un vistazo se ve qué está cubierto. A los cuarenta minutos, se intercambian. Las contradicciones están entre carpetas, y la segunda persona ve lo que la primera dio por hecho.
Pongan la cronología en una hoja en el centro de la mesa o compartan pantalla. Repasen a los sospechosos uno por uno: qué afirma, qué registro lo sostiene, cuál lo desmiente. Exijan documentos. “Tiene cara de culpable” no vale. El chat de la sala sirve para dejar por escrito un dato o una hora que no conviene olvidar.
Cuando el grupo esté listo, o cuando el anfitrión dé la partida por terminada, cada persona toca Acusar en su teléfono y vota en secreto. El anfitrión toca Revelar. Los votos aparecen uno junto a otro, el caso se cierra para todos a la vez y la solución se abre en cada pantalla. Léanla en voz alta. Ahí se descubre quién leyó el documento correcto y no se lo creyó.
De dos a tres horas, con un descanso. Si están en videollamada, funciona mejor un bloque de quince minutos de lectura en silencio al principio que hablar mientras se lee.
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