La contable de la cooperativa encontró los 61.000 dólares que faltaban. La marea la encontró a ella.
Domingo 12 de junio de 1994, antes del amanecer. Nora Fenwick, de 52 años, contable de la cooperativa de pescadores de langosta de Kestrel Harbor y voluntaria del museo del faro, sale con su perro hacia el cabo, como cada mañana desde hace veinte años. A las 07:20, un piragüista la encuentra boca abajo en una poza de marea bajo la linterna del faro. El perro está atado a la barandilla del museo.
El sheriff habla de una caída sobre las rocas mojadas. El médico forense encuentra hematomas en el cuello y nada de agua de mar en los pulmones. La carpeta verde que Nora llevaba a todas partes desde hacía tres semanas —la auditoría que pensaba presentar el lunes por la mañana a la junta de la cooperativa— no está en su bolso y no vuelve a aparecer.
Seis personas estaban despiertas en Kestrel Harbor antes de las seis: el marido, que estaba en el mar; el presidente de la cooperativa, que firmaba todos los cheques; el promotor que quiere el muelle; el vecino del pleito por la linde; el capitán del puerto, que sabía lo que decía la auditoría, y el sobrino que le debía dinero. El sheriff reunió los registros. El fiscal del distrito lo llamó todo meras pruebas circunstanciales. Treinta años después, la policía estatal te envía el expediente.
Lee los 24 documentos y nombra a la persona que mató a Nora Fenwick. Una sola acusación. Aciertes o no, el informe de la solución se abre y muestra cada documento que incrimina al culpable. No hay pistas y nada está marcado.
Toca Jugar y elige Crear una sala. Hasta ocho personas leen el expediente en sus propios teléfonos, ven lo que han abierto los demás, lo comentan en el chat de la sala, votan en secreto y dejan que el anfitrión revele el resultado. Solo el anfitrión necesita tener el caso; los invitados juegan gratis.